Venta · Donald Trump y la participación en Holiday Inns, Antes de llegar a presidente, Donald Trump relata en The Art of the Deal (1987) que adquirió discretamente alrededor del 5% de Holiday Inns mientras negociaba una alianza de casinos. Cuando la noticia se filtró, el pánico se apoderó del consejo, que desplegó cláusulas antiadquisición («poison pills»). La mera amenaza de una toma de control, sin necesidad de llevarla a cabo, le dio la ventaja psicológica y un poder de negociación que rentabilizó. El episodio ilustra el corazón de la intimidación: es el miedo anticipado, no el acto, lo que hace ceder al otro.
Política · Los aranceles como teatro de intimidación (2025), La administración estadounidense convirtió los anuncios de aranceles masivos en un instrumento sistemático de negociación: una amenaza espectacular, un plazo corto, y después una suspensión condicionada a concesiones. Investigadores de Negotiation and Conflict Management Research analizaron este método como un brinkmanship destinado a «desbordar, intimidar y controlar el relato». Su límite apareció cuando los mercados y los socios empezaron a descontar los ultimátums, hasta el punto de que los analistas acuñaron el acrónimo «TACO» (Trump Always Chickens Out): una amenaza demasiado a menudo incumplida pierde su credibilidad, y por tanto su poder.
Diplomático · La crisis de los misiles de Cuba (1962), Frente al despliegue soviético de misiles en Cuba, John F. Kennedy impuso un bloqueo naval y un ultimátum público, empujando a ambas potencias al borde de la guerra nuclear. Esta confrontación de trece días es el arquetipo del brinkmanship teorizado por Thomas Schelling: cada bando manipula el riesgo compartido de escalada para forzar al otro a retroceder. La resolución ilustra también la clave de una intimidación lograda: un compromiso honroso que permite al adversario salvar la cara (una retirada soviética a cambio de la retirada secreta de los misiles estadounidenses en Turquía).
Judicial · La amenaza de un litigio costoso como palanca de acuerdo, En los conflictos civiles y mercantiles, la parte con más recursos blande con frecuencia la perspectiva de un procedimiento largo y ruinoso para arrancar un acuerdo antes del juicio. La amenaza no recae sobre el fondo del derecho sino sobre el coste, la duración y la incertidumbre del litigio, insoportables para la parte más débil. Esta intimidación procesal, denunciada en sus excesos como SLAPP suits, conduce a un acuerdo fundado en el miedo al daño más que en la equidad, precisamente lo que Fisher y Ury nos instan a rechazar: «abiertos a la razón, cerrados a las amenazas».
Negocios · El ultimátum salarial y el preaviso de huelga, En un conflicto laboral tenso, un órgano sindical unitario presenta un preaviso de huelga sincronizado con un pico de actividad y fija un plazo corto a la dirección. Aquí la amenaza es una señal de poder de perturbación: pone precio implícitamente al coste de una parada de producción y comprime el tiempo de negociación. Su eficacia depende de la credibilidad de la movilización; un preaviso desatendido debilita de forma duradera la relación de fuerzas, mientras que una amenaza creíble pero no ejecutada (un acuerdo de última hora) suele ser el desenlace más rentable.
Vida cotidiana · El «me voy» en una negociación de compra, El consumidor que, en un concesionario o en un mercado, se levanta para marcharse anunciando que la oferta caduca en la puerta, ejerce una forma cotidiana de intimidación por ultimátum. Exhibe su BATNA (ir a otra parte) y comprime el tiempo de decisión del vendedor. La táctica solo funciona si la marcha es creíble: si el cliente vuelve, revela su farol y pierde todo el poder. Es la versión doméstica del principio de Schelling, una amenaza solo tiene valor por la convicción de que se llevará a cabo.