Negociación comercial
Un vendedor acaba de encajar un rechazo hiriente y siente que se le escapa el hilo de su argumentario. Hace una pausa, recuerda su objetivo (comprender el verdadero obstáculo) y retoma con calma. El recentrado evita la improvisación presa del pánico.
Tras un golpe duro, ejecute una microrrutina (respiración, recuerdo del objetivo) antes de volver a hablar; no responda desde el desconcierto.
Restaura la claridad táctica tras un revés y evita las reacciones torpes de recuperación.
Una pausa de recentrado demasiado larga o demasiado visible puede leerse como vacilación y hacer dudar al cliente.