Negociación comercial
La reunión parece terminada, el vendedor recoge sus cosas, se levanta, luego se vuelve: «Ah, solo una cosa que me intriga, entre nosotros, ¿qué le haría dudar de verdad?» Relajado, el cliente deja escapar la objeción que había retenido durante toda la reunión: el presupuesto debe pasar por un comité que le inquieta. La verdadera dificultad está por fin sobre la mesa.
Reserve el Columbo para el final absoluto, cuando la postura negociadora se ha desvanecido. Adopte un tono ligero, curioso, no comercial; su eficacia proviene de la aparente ausencia de intereses en juego. Utilícelo para hacer aflorar la objeción oculta, no para renovar una presión que la reunión no logró resolver.
Hace salir la verdadera objeción que la confrontación directa no pudo obtener; desarma las defensas mediante la despreocupación; potente para comprender el verdadero punto de fricción.
Se convierte en un truco burdo si se repite o se teatraliza; un interlocutor que detecta el dispositivo se siente manipulado en el preciso momento en que se había abierto.