NEGOCOACH

Los fundamentos

Los sesgos cognitivos en la negociación

Nuestras decisiones no son racionales. Daniel Kahneman y Amos Tversky lo demostraron: atajos mentales sistemáticos distorsionan nuestro juicio. Conocerlos, en el otro y en usted mismo, ya es recuperar el control.

Dos velocidades de pensamiento

Kahneman distingue dos sistemas: uno rápido e intuitivo, económico pero falible, y otro lento y analítico, fiable pero costoso. Bajo presión o con prisas, decide el primero, y ahí es donde se cuelan los sesgos. La teoría de las perspectivas añade que las pérdidas pesan alrededor del doble que las ganancias equivalentes.

Los sesgos que más pesan

El anclaje

La primera cifra enunciada fija la referencia de toda la discusión, aunque sea arbitraria.

El mito del pastel fijo

Creer que todo lo que una parte gana, la otra lo pierde, y no ver el valor que podría haberse creado.

El exceso de confianza

Sobrestimar su posición, su BATNA o las probabilidades de que la otra parte ceda.

El sesgo de confirmación

Retener solo la información que confirma lo que ya se creía.

La maldición del ganador

Ganar la subasta o el pulso... habiendo pagado muchísimo de más.

El anclaje en la práctica

De todos los sesgos, el anclaje es el que se manifiesta más directamente en el dinero. La primera cifra sobre la mesa arrastra el acuerdo final hacia ella, aunque ambas partes sepan que es arbitraria. De ahí una consecuencia práctica: cuando está bien informado sobre el valor en juego, suele convenirle anclar primero, con una cifra ambiciosa pero defendible. Un ancla indefendible se vuelve en contra: daña la credibilidad en vez de mover la referencia.

Contra el ancla del otro, la respuesta no es contraofertar de inmediato, lo que equivale a negociar dentro del marco que ha fijado. Es desactivarla explícitamente: nombrar la cifra por lo que es, preguntar cómo se ha construido y reencuadrar la discusión sobre sus propias referencias. No se neutraliza un ancla ignorándola, se neutraliza reemplazándola.

Protegerse de uno mismo

Ponga cifras antes de escuchar

Fije por escrito su objetivo, su precio de reserva y su estimación de ZOPA antes del primer intercambio. Lo escrito antes resiste a lo que se dice durante.

Haga de abogado del diablo

Encargue a un tercero, o a usted mismo por escrito, defender la lectura opuesta del expediente. El sesgo de confirmación solo cede ante la contradicción organizada.

Haga un pre-mortem

Imagine que el acuerdo firmado salió mal un año después, y busque por qué. El ejercicio saca a la luz los riesgos que el entusiasmo escondía.

Frene en los momentos calientes

Ultimátum, oferta sorpresa, plazo súbito: son los momentos en que decide el sistema rápido. Una pausa, aunque sea breve, devuelve el control al sistema lento.

Desconfíe de las victorias fáciles

Cuando la otra parte cede rápido, la maldición del ganador no anda lejos. Pregúntese qué sabe que usted ignora.

Conocer los sesgos no basta

El punto más contraintuitivo del trabajo de Kahneman: saber que un sesgo existe no impide que actúe. El anclaje funciona con negociadores que conocen el anclaje. La protección no viene, pues, de la conciencia sino del procedimiento: marcadores cifrados fijados de antemano, pausas previstas, una mirada externa. Ahí está toda la diferencia entre un negociador informado y uno equipado, y es precisamente el papel de la preparación.

Fuentes

  • Daniel Kahneman y Amos Tversky, « Prospect Theory » (1979).
  • Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio (2011).
  • Max Bazerman y Margaret Neale, Negotiating Rationally (1992).
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