Negociación comercial
Un comprador se atrinchera en el precio. En lugar de justificarse, el vendedor nombra la emoción: «Da la impresión de que este presupuesto le pone en una situación delicada ante su dirección». El comprador, sintiéndose comprendido, revela la restricción real: no es el precio, es el plazo interno de aprobación.
Abra con una etiqueta («Parece que…», «Da la impresión de que…») en lugar de una pregunta cerrada, y después guarde silencio. El silencio empuja al otro a explicitar su restricción real.
Hace aflorar la objeción oculta que acecha tras el precio; desactiva la tensión sin conceder un descuento.
Una etiqueta excesiva o recitada suena falsa y despierta sospechas («está intentando manipularme»).